Hoy domingo 3 de enero saludo con respeto a los amigos de ésta columna que seguramente han celebrado la llegada de 2010 esperanzados en nuevas bendiciones y oportunidades para todos.
En esta ocasión voy a abrazar a todos los lectores de ésta su columna ZOON ENERGETIKON. Agradecer por la confianza depositada en éste su servidor y el compromiso de seguir aportando, con humildad y en democracia, con éstas opiniones estilo coloquiales y descontraídas sobre la tan siempre amplia y diversa temática de energía.
La vida es energía. Más aún en éste tiempo. Como el nombre de la columna indica, parafraseando al zoon politikon, o “el hombre es un animal político”, conforme el pensador griego Aristóteles, en éste siglo de modernidad y tecnología el hombre es, también un “animal energético”, un zoon energetikon. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos regimos nuestra vida a los combustibles, que mueven vehículos, al gas y electricidad que alumbran hogares y oficinas y mueven fábricas e industrias, hasta la gran gama de plásticos y fertilizantes derivados del gas. Ciertamente el hombre no puede desprender su que acontecer diario a la energía, a la energía movida -en éste nuevo tiempo- por el gas natural. La modernidad del primer mundo tiene un origen: el petróleo y la petroquímica. El nuevo tiempo tiene otro motor: el gas. Derivado y transformado en valor agregado va a rediseñar la sociedad los próximos cien años. Y quizá más allá porque el gas, inclusive, será el gatillador para nuevas investigaciones de obtención de hidrógeno, el energético que moverá al mundo antes de fines de éste siglo.
Sin ir lejos. Sin navegar mucho en los mares de la esperanza y del sueño el gas en Bolivia será instrumento esencial en la edificación de modernidad, inclusión y derrota de la pobreza. No es ilusión pero la “Kuwait latinoamericana” -que es el Chaco boliviano- encierra en sus entrañas tantas reservas, muchas de ellas ni cuantificadas ni siquiera descubiertas, que van a hacer de Bolivia el centro de energía más importante del Cono Sur y hacer de sus ciudades centros de industria y negocios de integración entre ambos océanos. Con carreteras, telecomunicaciones e industrias de valor agregado energético tan importantes que Bolivia estará diseñando su futuro parecido a las potencias gasistas del Medio Oriente.
Tiempo de balance. De perspectiva. Hemos tratado de analizar, pergeñar y opinar, modestamente, sobre temas de hidrocarburos y energía de nuestro país que son fundamentales en la construcción de la patria, de las nuevas sociedades y de nuestro desarrollo, contrariamente a opiniones de algunos -absurdas, por cierto- que pregonaron que el gas no sería importante en la matriz económica boliviana.
Con todos los defectos y contrasentidos de nuestra política interna, creo firmemente que llegará un punto en que nuestra clase política -oficialista y opositora- van a llegar a un punto de coincidencia y reflexión: dotar a Bolivia de una moderna visión en energía que impulse no sólo nuestro desarrollo sino nos especialice como nación exportadora de valor agregado para el desarrollo interno, atractiva en capitales de exploración y desarrollo de nuevos negocios. Ello con base de partida una visión, que hemos estado insistiendo en la formación de un Consejo nacional de energía e hidrocarburos que -integrado por toda la sociedad- establezca la NPE Nueva Política Energética boliviana.
Hoy, una vez más, que el Creador ilumine a todos los hogares bolivianos. Que nos dé la oportunidad de empujar a la Patria a días mejores y que nos permita diseñar un nuevo espacio y tiempo para nuestros hijos, con energía, esa energía interna de cada boliviano que se va a traducir en energía para el desarrollo. ¡Felicidades amigos y vamos adelante!
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Boris Gómez Úzqueda es Máster en Administración, técnico en operación de hidrocarburos y ejecutivo de una firma especializada en servicios en la industria.
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