Mientras Evo Morales pasó de ser un pobre de solemnidad, a ser el hombre de mayor poder de Orinoca y Chapare y cuidado sino de todo el país, las familias pobres bolivianas deben pasar por la humillación de tener que hacer colas de hasta cinco o seis horas para comprar alimentos de origen desconocido. El a veces parco personaje que dirige Bolivia no se cansa de ponderar las supuestas bondades de un socialismo que sólo existen en su precaria mentalidad. Los hábiles que haciéndose pasar por obsecuentes, sumisos y obedientes mandaderos ya saquean con total desparpajo e impunidad las arcas públicas, disfrutan del proceso y de la posesión, amenazando con cárcel a diestra y siniestra a quienes se les oponen mostrando bravuconadas absurdas que ya cansan a la población.
¿Qué es? ¿Qué entendemos por autoritarismo en la política? Para unos, una creencia política; para otros, una conducta. “Es una modalidad del ejercicio de la autoridad en las relaciones sociales, por parte de alguno o algunos de sus miembros, en la cual se extreman la ausencia de consenso, la irracionalidad y la falta de fundamentos en las decisiones, originando un orden social opresivo y carente de libertad para otra parte de los miembros del grupo social”. “Por autoritarismo se entiende, en general, una autoridad opresiva que aplasta la libertad e impide la crítica”. Rubén Sánchez David.
Un régimen autoritario no está sustentado en un partido único, sino más bien en la burocracia populista y el ejercicio legal de la fuerza, tiene siempre el deseo de promover constantemente movilizaciones masivas de apoyo y, aunque no existe división de poderes ni control al gobierno, se permite cierto margen de libertad limitada. Esto significa que no se reprime totalmente a la sociedad civil porque, si bien no se protegen las libertades individuales, se tolera determinada actividad económica y religiosa de ciertos grupos: especialmente aquellos grupos seleccionados y/o acordados con el autoritario pero alejados de propósitos comunes de república y democracia y libertad.
Hoy las luchas políticas las tiene a su favor el presidente. Hizo lo que le vino en gana con la asamblea constituyente, ahora solo pretende detener a sus enemigos regionales para después con su una precaria constitución, rematar leyes y terminar de instalar un entramado legal que permitirá un “Reich por mil años” ese es su sueño, pintado de rojo y al lado del vicepresidente, mientras éste le sirva. Sólo le quita el sueño la tozudez regional autonómica y la fecha del 4 de mayo, buscando desesperadamente detener sin importar cómo hacerlo ni con quien hacerlo, pero eso sí con la imagen de un diálogo que no existe pero que debe ser mostrado como los trofeos de un armario que pretende gloria eterna, quizás hasta se convierta en dios como tanto emperador romano, que hicieron en una vida menos de lo que se ha logrado en dos años y más de una pretendida EVOlución “bonita”;
La realidad hay que verla como es. Si cerramos los ojos ante ella, jamás se podrá modificar. Pero todo cuanto se ha anunciado sobre la revolución de cambio, se está cumpliendo con precisión milimétrica. En Bolivia ya se teme que la muerte toque todas las puertas, la violencia se extiende por todo el territorio nacional; son los ingredientes políticos que elevan la preocupación al máximo y colocan las tensiones al borde de la ruptura definitiva buscando el argumento que se aplique el viejo refrán: “qué culpa tiene la estaca, si el sapo salta y se ensarta”. Por lo menos que ellos asuman su responsabilidad ante la historia.
(*) Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales
No hay comentarios:
Publicar un comentario